diumenge, 14 de juny de 2015

Sobre 'Punts de fuga' (a 'Momo magazine' per Bernat Colomer)

11158120_10206598540905005_1929265124_nA lo largo de los últimos años los amantes de la literatura de género hemos podido asistir al nacimiento de varias propuestas interesantes dentro del panorama editorial español. Tras sufrir los estragos de la crisis y ver cómo grandes grupos empresariales engullían algunos de los sellos con más experiencia, el negocio quedaba huérfano de algunos de sus referentes, sobre todo en espíritu y línea de trabajo. Afortunadamente, nuevas editoriales han tratado de ocupar ese vacío y una parcela específica del mercado que escapaba de los círculos más comerciales. Alpha Decay (2004) o Impedimenta (2007) son dos ejemplos de esta nueva hornada, que se ha establecido como sólida referencia cultural.
Otra editorial a tener en cuenta es Males Herbes, afincada en Cataluña y con publicación únicamente en catalán. Su estilo: libros breves, de lectura ágil, en formato bolsillo y a precio reducido; temáticas pulp, ciencia ficción soft, literatura extraña y transgénero; textos distintos y transgresores. Males Herbes nació en 2010 como revista de creación literaria extraña y se hizo mayor en 2012, al ver que el experimento tenía su público. Desde entonces ha publicado más de 20 títulos y en su catálogo encontramos nombres tan potentes como Kurt Vonnegut o Jonathan Lethem. Al mismo tiempo, la editorial se nutre de autores curtidos en la red, en los fanzines, la autoedición y en otros sellos modestos. Son escritores de origen dispar, con mucho texto ya a sus espaldas pero con poca exposición mediática (Víctor Nubla, Max Besora, Enric Herce, David Gálvez …).
Ahora llega a las librerías el que puede ser su libro más ambicioso hasta el momento: Punts de fuga. Se trata de una recopilación de 26 textos, especialmente escritos para esta antología bajo una simple premisa: cada relato debe contener un viaje en el tiempo. Así, la lectura deriva en un paseo a través de la mente de los autores, cada cual con su propia idea de cómo llevar a cabo ese viaje.
Un lector despistado puede entrar en el libro esperando encontrar referencias a H. G. Wells y su máquina del tiempo, o quizás intricadas paradojas temporales y efectos mariposa. Es cierto que de todo eso hay, pero los conceptos clásicamente asociados al subgénero escasean en la práctica totalidad del libro. La libertad creativa dada a los autores conlleva que de un relato a otro saltemos entre universos totalmente distintos, que poco tienen en común. A lo largo de los 26 relatos todo cabe y todo vale.
Se puede disfrutar del juego que supone el constante fluir de una idea a otra, desde el estilo más clásico de Enric Herce a la narración violenta de Jordi Nopca, pero el resultado es desigual. Hay textos potentes, que en pocas páginas logran esbozar las características de un mundo coherente y lleno de posibilidades, como los de Albert Pijuan o Maiol de Gràcia, por citar dos. Son al mismo tiempo los relatos que más se acercan a la literatura de género, aunque sus aproximaciones son atípicas. Por otro lado, en algún caso se apuesta todo a una idea demasiado vaga, obvia o débil, que acaba lastrando el resultado final. Es el caso de Sebastià Bennassar, Josep M. Argemí o David Gálvez, secciones que flojean pese a ser entretenidas.
En el otro extremo ubicaría a Ruy D’Aleixo, que presenta un relato directo y muy bien ejecutado, aunque breve en exceso. Destacar también la sensibilidad de Yannick Garcia y Carles Terès, que del costumbrismo destilan literatura de género, o la emoción que desprende el cuento de Carla Benet. Hay espacio incluso para el humor negro de Joan Jordi Miralles o la introspección de Jordi Sanglas y Sebastià Jovani, tres segmentos en los que se tratan problemáticas relacionadas con la escritura y la creatividad.
Aunque no se pretende hacer de este libro una antología generacional, la juventud es un elemento notorio. Lo apreciamos en el intento de huir de los lugares comunes por los que transita la literatura catalana, no sólo en cuanto a temas sino en cuanto estilo. Del mismo modo, los homenajes salpican el libro (a Philip K. Dick, a Lovecraft), pero hay más tendencia a repensar conceptos y plantear (con éxito) alguna vuelta de tuerca inesperada. El resultado, en definitiva, es un volumen valiente pero irregular, con altibajos importantes. Algunos relatos sobresalen, otros lastran, pero el conjunto funciona como escaparate para un grupo de voces deben ser tomadas en consideración.
Así, Punts de fuga es el libro más importante publicado por Males Herbes hasta el momento. Y lo es porque reúne en un solo volumen sus señas de identidad como editorial: la producción literaria delunderground catalán, la escritura pop y referencial, la experimentación sobre el lenguaje… Es un paso adelante que debe consagrar tanto a la editorial como a un puñado de autores como alternativa real e inmediata dentro del paisaje editorial catalán.

Texto: Bernat Colomer