Lunes por la tarde. Retornaba a casa en coche desde la Massana. Venía de un taller de Joan Obiols sobre mitos y leyendas del Pirineo. Como a la altura del túnel del Pont Pla encontré la barrera bajada, tuve que tomar la carretera vieja, por la que hacía mucho que no pasaba. Esto me permitió ver una escultura harto desconocida de Jordi Casamajor a la que tengo especial cariño. Se trata de una de sus famosas barcas votivas, clavada en una pared que da acceso al garaje de un inmueble. La imagen que pude vislumbrar al pasar de largo ante la escultura no fue precisamente deslumbrante: tres o cuatro contenedores de basura aparcados justo delante de la obra, la tapaban parcialmente. Seguro que el artista jamás había imaginado su obra en un contexto tan precario.Esto me llevó a pensar –la música de la radio iba perdiendo entidad– en aquella cena que celebramos hace unos meses los miembros del insólito grupo conocido como Blocaires del Pirineu o Bloggers del Pirineo. En el momento de abrir mi paquetito de calçots, fui saludado por la amable cara de un conocido articulista de El Periódico de Andorra [ver NdelA]. No pude evitar sonreír ante la ironía que suponía que la imagen del erudito columnista hubiera estado en contacto con mis requemados calçots. Tuve que recordar mi sonrisa irónica al cabo de unos días, cuando un conocido me dijo que había ido a la Seu, al otro lado de la frontera, a comprar plantel para el huerto y que su hijo había reconocido mi foto en la hoja de periódico con la que habían envuelto uno de los tiestos. Gajes de colaborar en la prensa escrita: uno no sabe si acabará en el suelo recién fregado de la casa de la vecina o usado para prender el fuego del hogar.
La realidad se impone al arte con su fuerza pedestre. De la misma forma, a veces la poesía puede romper la monotonía con sus flashes. Cuando Marcel Duchamp llegó a Buenos Aires propuso a su compañera, Yvonne Chastel, la invención de un género instantáneo: una especie de impresionismo construido a partir de sensaciones efímeras. Anota, casi taquigráficamente, el zigzag dictado por su memoria: una hilera de maniquís apenas entrevistos, vestidos de manera miscelánea, a lo largo del pasillo de una tienda de moda en la avenida Entre Ríos; un anciano llorando dentro de un automóvil, con una jaula encima de las rodillas; un chico pecoso llevando una pecera; más de mil sacos de carbón en un almacén cavernoso cerca de Corrientes; el suelo lleno de hojas cerca de su apartamento, en la calle Alsina; el olor de café recién molido de un pequeño negocio de alimentos frente a su estudio, en la calle Sarmiento; tres camas de diferentes tamaños distribuidas irregularmente, observadas al pasar ante una estrecha tienda de muebles de la calle Paraná.
Eran las diez y media de la noche. Yo seguía conduciendo y enlazando pensamientos. Una vez —la acción sin duda formaba parte de nuestro plan quinquenal— limpiaba los cristales de las ventanas de casa cuando descubrí unas fantásticas fotos en blanco y negro de Jorge Luís Borges que jamás había visto antes. Hojas de un suplemento cultural. Se veía en ellas a un Borges viejo, ataviado con camisa blanca y corbata oscura, ciego, recortado contra un cielo claro, posando como una starlette entumecida junto al mar, con el pelo desordenado por la brisa invisible. Las observé con calma, saboreando las fotos. Me senté a leer el artículo que las acompañaba. A continuación las utilicé para limpiar los cristales. Exactamente tal y como tenía previsto hacer antes de tropezar con la visión poética del anciano Borges shakespeareano.
Quizá si antes de morir Borges hubiera sabido que muchos años más tarde un admirador habría de limpiar los cristales embarrados de su casa andorrana con unas fenomenales fotos suyas, tampoco hubiera podido ahorrarse una leve sonrisa irónica.
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[Nota del autor para lectores no catalanes: los calçots son una variedad de cebolla blanca cultivada para dar tallos jóvenes y tiernos de entre 20 y 25 cms., que se cocinan a la brasa y suelen consumirse con una salsa llamada romesco. Se presentan a la mesa envueltos en papel de diario viejo, de acuerdo con normas de higiene alimenticia no vigentes desde 1906.]
Publicat a Nación Apache, el 27 de març de 2010 [adaptació-traducció de l'article "Art brut?" publicat al BonDia Andorra de 17 de octubre de 2008]
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